“Mi hijo tiene mil preguntas en la cabeza”. “Mi hija aprende algunas cosas enseguida, pero otras se le hacen cuesta arriba”. “A veces no sabemos cómo ayudarle”.
Si alguna de estas frases te resulta familiar, es normal que quieras comprender mejor a tu hijo o hija. Cada peque tiene su propia forma de aprender, sentir y relacionarse con el mundo. Una valoración de altas capacidades puede ayudaros a descubrir qué necesita y cómo acompañarle, sin reducirle a una etiqueta.
Las altas capacidades no se ven igual en todos los niños y niñas
A veces se asocian únicamente con sacar buenas notas o aprender antes que los demás. Pero cada persona es diferente. Tu hijo o hija puede mostrar una curiosidad intensa, hacer preguntas profundas, aprender con rapidez sobre los temas que le interesan o tener una gran sensibilidad.
También puede aburrirse cuando una actividad no le supone un reto, frustrarse si algo no le sale a la primera o necesitar apoyo en algunas áreas, aunque destaque en otras. Tener facilidad para aprender no significa que todo resulte fácil.
Por eso, una conducta o una buena nota, por sí solas, no permiten saber si un niño o una niña tiene altas capacidades. Lo importante es tener en cuenta su historia, sus fortalezas, sus dificultades y cómo se siente.
¿Qué puede aportar una valoración de altas capacidades?
A veces, las familias buscan una valoración porque sienten que algo no termina de encajar: ven capacidades que no siempre se reflejan en el colegio o notan que su hijo o hija está desmotivado, frustrado o preocupado.
Una valoración de altas capacidades puede ayudar a comprender mejor cómo aprende, reconocer sus puntos fuertes e identificar qué apoyos podrían venirle bien. No busca encasillarle ni exigirle más, sino ayudaros a entender lo que observáis y a acompañarle con más confianza.
¿Cuándo puede ser buen momento para consultar?
No hace falta esperar a que lo esté pasando mal. Puedes pedir orientación si observas que tu hijo o hija:
- Se interesa mucho por algunos temas y quiere saberlo todo sobre ellos.
- Aprende rápido ciertas cosas, pero se desconecta o se aburre en otras situaciones.
- Es muy exigente consigo mismo o consigo misma y le cuesta aceptar los errores.
- Siente las emociones con mucha intensidad.
- Muestra diferencias entre lo que parece comprender y cómo se desenvuelve en el colegio o en casa.
Estas señales no confirman por sí mismas las altas capacidades. Son motivos para observar, escuchar y, si lo necesitáis, consultar con profesionales.
¿Cómo se realiza la valoración?
El proceso se adapta a cada niño o niña. Puede incluir una conversación con la familia, información sobre su desarrollo y aprendizaje, y pruebas adecuadas a su edad y a la pregunta que se quiere responder.
Los resultados se interpretan teniendo en cuenta toda la información. Después, es importante explicaros qué significan y qué pasos pueden ayudar en casa o en el entorno escolar. Porque recibir un informe no es el final: lo valioso es que os ayude a comprender mejor a vuestro hijo o hija y a acompañarle de acuerdo con sus necesidades.
Acompañarle empieza por comprenderle
Quizá no necesites todas las respuestas hoy. A veces, el primer paso es poder decir: “Quiero entender mejor qué necesita mi hijo o hija”. Desde ahí, podéis buscar apoyos que respeten su manera de aprender y cuiden también de su bienestar emocional.
En Más Que Palabras acompañamos a niños, niñas y familias con una mirada individualizada. Si tienes dudas sobre el desarrollo o el aprendizaje de tu hijo o hija, puedes contactar con nuestro equipo y consultar si una valoración neuropsicológica puede ayudaros.
Comprenderle mejor puede cambiar la forma de acompañarle: con menos dudas, más confianza y espacio para que pueda desarrollarse a su manera.
Enlace externo recomendado: Guía sobre altas capacidades de la National Association for Gifted Children.
