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¿Le cuesta hacer amigos o prefiere estar solo? Cuándo conviene prestar atención

¿Le cuesta hacer amigos o prefiere estar solo? Cuándo conviene prestar atención

“En el recreo se queda solo”. “Dice que prefiere jugar por su cuenta”. “No sabemos si está a gusto así o si le cuesta acercarse a los demás”.

Cuando vemos a nuestro hijo o hija apartado, es natural preguntarnos si está bien. Pero disfrutar de momentos a solas no significa necesariamente que exista un problema. Hay niños y niñas que necesitan más tiempo para sentirse cómodos en grupo, prefieren jugar con una sola persona o disfrutan de actividades individuales.

La dificultad para hacer amigos en niños y niñas merece atención cuando parece generar malestar, limita su participación o afecta a cómo se sienten consigo mismos. La clave no está en cuántas amistades tienen, sino en si pueden relacionarse como desean y se sienten seguros y acompañados.

¿Prefiere estar a solas o le cuesta relacionarse?

Observa cómo habla de sus relaciones y cómo se siente después de estar con otros niños y niñas. ¿Disfruta jugando por su cuenta y busca compañía cuando le apetece? ¿Tiene algún vínculo con el que se siente a gusto? ¿O parece querer acercarse, pero no sabe cómo hacerlo?

Estas diferencias ayudan a comprender mejor la situación. No todos los niños y niñas necesitan un grupo grande de amistades, y no hay una única manera correcta de relacionarse.

Señales que conviene observar

Puede ser útil prestar más atención si tu hijo o hija:

  • Dice que quiere jugar con los demás, pero no sabe cómo acercarse.
  • Se siente triste, preocupado o excluido con frecuencia.
  • Evita situaciones sociales que antes disfrutaba.
  • Tiene conflictos repetidos o le cuesta mantener sus amistades.
  • Vuelve del colegio angustiado o cuenta que nadie quiere estar con él o ella.

Estas señales no confirman por sí solas que exista una dificultad específica. Son pistas para escucharle y explorar qué está viviendo, sin presionarle ni sacar conclusiones precipitadas.

Cómo acompañarle desde casa

Escucha sin convertirlo en un interrogatorio

En vez de preguntarle cada día «¿con quién has jugado?», prueba con preguntas abiertas: «¿Qué ha sido lo mejor del recreo?» o «¿Hubo algún momento en que te sentiste incómodo o incómoda?». Escucha su respuesta sin corregirla enseguida.

Valida lo que siente

Puedes decirle: «Entiendo que te haya dado vergüenza acercarte» o «Tiene sentido que te sintieras triste si no te dejaron jugar». Validar no significa decidir quién tiene razón; significa mostrarle que puede contarte lo que le pasa.

No le obligues a socializar de golpe

Forzarle a participar o compararle con otros niños y niñas puede aumentar su presión. En cambio, podéis buscar ocasiones pequeñas y previsibles para compartir con alguien con quien se sienta a gusto, respetando su ritmo.

Habla con el colegio si hace falta

Si la situación ocurre en el recreo o en clase, conversar con el tutor o la tutora puede ayudaros a conocer cómo son sus relaciones en ese entorno. Compartir observaciones permite coordinar el apoyo sin señalarle delante de sus compañeros y compañeras.

¿Cuándo consultar con un profesional?

Si la situación se prolonga, le causa un malestar importante o afecta a su autoestima, su asistencia al colegio o su vida diaria, puede ser conveniente pedir orientación. Una valoración psicológica ayuda a comprender qué está ocurriendo y qué recursos pueden favorecer su bienestar, sin etiquetarle por preferir momentos de tranquilidad.

En Más Que Palabras acompañamos a niños, niñas y familias desde la psicología infantojuvenil. Si te preocupa cómo se siente tu hijo o hija al relacionarse, puedes contactar con nuestro equipo para consultar qué apoyo puede ser adecuado.

No se trata de que tenga muchas amistades, sino de que pueda sentirse bien, escuchado o escuchada y acompañado o acompañada.