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Herramientas para motivar la conducta de los niños

En esta entrada a nuestro blog Más que Palabras Psicología y Logopedia vamos a abordar la manera en que podemos motivar el comportamiento de los niños para que puedan satisfacer sus necesidades y conseguir aquello que quieren de una manera adecuada.

  1. Mostrar buenos modelos de actuación:

Los niños desarrollan una parte considerable de sus habilidades a través de la observación y de la imitación. Los niños imitan a sus adultos de referencia, en lo bueno y en lo malo. Por tanto, lo primero que debemos tener en cuenta en el proceso de promover conductas adecuadas es que debemos ofrecer buenos modelos que el niño pueda imitar.

De poco sirve que intentemos que nuestro hijo desarrolle un estilo de pensar positivo si los comentarios que escucha de sus padres son pesimistas.  Si queremos que nuestro hijo sea sincero, seamos sinceros nosotros con él y con las demás personas.

Aprovechemos el hecho de ser padres como una oportunidad de ser la mejor versión de nosotros mismos. Esto no implica que debamos mostrarnos perfectos, porque nadie lo es, sin embargo de ser abierto con nuestras emociones y mostrarnos tal cual somos.

  • Reforzar conductas positivas:

Es una de las herramientas más efectivas en la educación de los niños.

Reforzar significa recompensar, es decir, darle algo valioso después de que realice una acción.Las recompensas pueden ser de diverso tipo, sin embargo, las recompensas que más valoramos las personas son el reconocimiento de los demás.  Si conseguimos asociar las acciones que creemos que son beneficiosas para él con la recompensa de que se sienta satisfecho o reconocido, lo ayudaremos a que su conducta esté motivada de una manera adecuada.

Cuando conseguimos aprender a reforzar adecuadamente al niño, los enfados y la frustración son menores, porque su cerebro aprende antes lo que es y no es adecuado en cada momento.

¿Cómo reforzar?

– De una manera proporcionada.

– En sintonía con la conducta.

– Elegir el tipo de refuerzo o recompensa adecuado. Por lo general, y aunque pueda parecer lo contrario, los refuerzos materiales son menos gratificantes y menos efectivos que los refuerzos emocionales.  Las recompensas sociales son las más efectivas, como por ejemplo, el hecho de agradecerlo, felicitarle, otorgarle algún pequeño privilegio o regalarle nuestro tiempo y jugar con él.

RECOMPENSAS EFICACESRECOMPENSAS POCO EFICACES
– Pasar tiempo jugando a lo que el niño quiera
– Darle una responsabilidad
– Darle un privilegio
– Decirle que lo ha hecho bien
– Felicitarlo
– Darle las gracias
– Juguetes y otros premios materiales
– Comida
– Indicarle que lo ha hecho bien, pero puede hacerlo mejor
– Felicitarlo delante de los demás hasta hacerle pasar vergüenza

Es importante tener en cuenta los gustos y preferencias de tu hijo a la hora de seleccionar las recompensas.

Debemos tener en cuenta que la recompensa no debe ser el motor del niño, sino la consecuencia agradable que ayude a que las conductas positivas se repitan y se motiven espontáneamente.  Esto quiere decir que no debemos ofrecer las recompensas como moneda de cambio, y que deben aplicarse después de haber realizado algo valioso. Como ejemplo:

Un niño ayuda a sus papás a recoger la mesa. Como refuerzo se le dice: ¡Qué bien lo has hecho, ahora vamos a leer juntos un cuento! El error sería hacerlo al revés y antes de que recoja la mesa indicarle: si recoges bien, leeremos un cuento

En el ejemplo anterior, en el primer caso donde el refuerzo se da después de recoger la mesa, el niño aprenderá la importancia de realizar algo.

Cuando reforzar:

  1. Cuando sea necesario: no es necesario que recompensemos y premiemos absolutamente cada cosa que hace nuestro hijo, porque corremos el riesgo de que esas palabras de reconocimiento pierdan valor si se repiten en exceso y sin venir a cuento. Lo ideal es que se recompense cuando apreciemos un progreso, una actitud nueva y positiva, cuando el niño repare un error que cometió o cuando quiera compartir su satisfacción.
  2. Inmediatamente: cuanto más cerca la recompensa de la conducta, será más efectiva.
  3. A plazos: a veces es un poco difícil dar una recompensa inmediatamente, porque algunas cosas que queremos conseguir son más difíciles y requieren de mayores recompensas. Por ejemplo queremos que nuestro hijo haga la cama todos los días de la semana. Esta puede ser una meta difícil, pero podemos ayudarlo e ir recompensándolo si hacemos una marca en una pizarra, si ponemos una carita sonriente en una hoja, etc.  De ésta manera, el niño irá obteniendo reconocimiento de manera inmediata y además ayudamos a postergar la recompensa final dividiéndola en satisfacciones más pequeñas y alcanzables.
  4. Cuando el niño lo haga mejor: no es necesario que la conducta sea la mejor ni la más adecuada, si no que debemos ir recompensándolo cuando haga las cosas un poquito mejor.  Prestar mucha atención al cambio.

Es muy importante valorar y fijarse en los pequeños progresos. Nadie puede aprender de la noche a la mañana, ya que el aprendizaje es un proceso y el cerebro funciona a base de repeticiones y aproximaciones sucesivas.

Refuerzos-trampa (pueden ser contraproducentes):

Refuerzos que dejan ver la insatisfacción. En una situación positiva, mostramos insatisfacción o pedimos un poco más, generando en el niño frustración en lugar de satisfacción.

Ejemplo: “Lo has recogido todo, pero he tenido que pedírtelo tres veces”. En este caso el niño siente que se reprueba su conducta y que no merece la pena el esfuerzo.

Refuerzos que expresan rencor o despiertan culpa.

Ejemplo: “Muy bien, hoy lo has hecho bien, no como otros días”. El niño siente el reproche.

Refuerzos que expresan obligación. El niño detecta que más que una recompensa, se le impone una obligación, y en lugar de satisfacción se experimenta frustración.

Ejemplo: “Muy bien, espero que a partir de ahora lo hagas siempre así”.

 

  • Alternativas al castigo:

Cuando centramos la atención en lo negativo en muchos casos alimentamos los malos comportamientos. 

Castigar a un niño tiene  consecuencias negativas:

– Enseñamos al niño a utilizar el castigo contra los demás como forma de relación.

– Facilita la aparición de la culpa.

– El castigo no evita que el niño desaprenda lo que aprendió comportándose mal.

– Favorecen la aparición de un autoconcepto negativo.

Otra razón por la cual los castigos pueden no ser eficaces es porque son más bien “castigos-trampa”. Este tipo de castigo consiste en una llamada de atención o un enfado que en lugar de desmotivar la conducta negativa del niño, la motiva más. Ocurre con esto a veces que los niños aprenden que haciendo las cosas mal, los adultos le hacen caso.

Evidentemente, no debemos dejar que el niño se salga con la suya. A continuación vas a encontrar algunas alternativas al castigo que ayudan a corregir  la conducta de tus hijos de una manera más constructiva y positiva:

Ayudar a tu hijo a conseguir hacerlo correctamente, haciendo que éste se sienta bien.

Ejemplo: si sabes que tu hijo se pone muy nervioso o agresivo ante alguna situación, cuando notes que se está poniendo más nervioso, ayúdalo a controlarse.

– Establece consecuencias. No tienen por qué ser un castigo o una consecuencia negativa. Por ejemplo, si tu hijo tarda muchísimo tiempo en comer, establezcamos con él algo que aprecie mucho, por ejemplo leer un cuento. Se fija una hora determinada para comenzar a leer el cuento, como por ejemplo 45 minutos después de la hora de inicio de la cena y se le explica que a determinada hora, esté o no esté en el salón, comenzaría la hora del cuento. Si la hora del cuento se pasa porque el niño aun no había terminado de cenar, el niño se quedará sin cuento.

– Cambia la perspectiva.Aplicar consecuencias desde una perspectiva positiva. Como ejemplo, podríamos decir que en lugar de indicar a nuestro hijo que si hace esto mal pasará algo negativo, le indicaremos que si hace algo bien, pasará algo positivo.

Repara las acciones. Es decir, que las acciones que han provocado daño a otras personas u objetos sean reparadas. Es un gesto de responsabilidad y funciona como consecuencia natural de estas, además enseñamos a los niños lo que si se debe o no se debe hacer.

  • Poner límites.

Los límites son esenciales en la educación. Poner límites con eficacia y sin dramas requiere de una actitud segura por parte de los padres, y sabiendo que lo que se está haciendo es bueno para el niño. La actitud debe ser la de que no hay nada que discutir.

Poniendo límites no solo cortamos las conductas no deseadas ayudando a mejorar el autocontrol, sino que le facilitamos que busque otras alternativas, haciendo de él un niño más flexible y adaptable.

– ¿Cuando empezar a ponerlos?

Los límites son parte de la vida del niño desde el momento del nacimiento, y es importante que se acostumbren a ellos poco a poco.

Cuanto más seguro, claro, tranquilo y cálido seas a la hora de poner límites, más fácil será para tu hijo entenderlo.

– ¿Cómo poner límites con éxito?

Pronto: cuanto antes comencemos a poner límites a nuestros hijos, más fácil será evitar que la conducta negativa se desarrolle.

Antes: intentar frenar la conducta negativa o peligrosa antes de que se desarrolle.

Siempre: a veces ocurre que aunque hayamos logrado que un niño respete el límite una vez, vuelva a intentarlo después, por ello los límites deben estar claros y presentes en todo momento.

Consistentemente: que ambos padres, estén de acuerdo con las normas que son importantes y se hagan de una manera consistente.

Con tranquilidad.

Con confianza. Que el niño vea que lo tenemos claro, tendremos que discutir menos porque apreciará que no será fácil hacernos cambiar de opinión.

Con cariño: de ésta manera el niño entenderá que no es un ataque contra él, sino simplemente una regla que se debe cumplir. De ésta manera, su grado de frustración será mucho menor

Poner límites no tiene por qué ser un drama, e incluso se puede hacer de ello algo divertido y poner algo de juego en ello.

– Los distintos tipos de límites:

Al igual que es importante enseñar al niño a conocer y a ser capaces de respetar las normas, también es fundamental nutrirlo de experiencias en la que salga bien parado. Por eso a continuación encontramos una clasificación de los límites que nos pueden ayudar a manejarlos mejor:

  • Límites inquebrantables: aquellos indispensables para garantizar la seguridad del niño (no se meten los dedos en el enchufe, cuando cruzamos una calle vamos de la mano…).
  • Límites importantes para el bienestar: se deben hacer valer siempre o casi siempre, ya que son importantes para el desarrollo del niño y su bienestar, sin embargo se pueden hacer excepciones muy contadas (por ejemplo, es importante que coma o cene todos los días, pero si un día concreto no se encuentra bien realmente ese día es lógico que no lo haga).
  • Límites importantes para la convivencia: son límites establecidos por los padres para facilitar la convivencia y el orden, y que se deben respetar, aunque los padres pueden relajarse los fines de semana, en vacaciones, etc.

Y recuerda, ayudar al niño a conocer y a respetar los límites es una de las tareas más importantes que puede tener cualquier padre de cara a favorecer el desarrollo intelectual y emocional de sus hijos. No te sientas culpable por poner límites, ya que los límites están presentes en la vida de todos. Intenta poner los límites antes de que se produzca la conducta o al menos antes de que se convierta en un hábito, y hazlo con la misma firmeza, calma y cariño con la que les das un beso, porque recuerda que poniendo límites les ayudamos a crecer y a desarrollarse.

  • Empatía:

Todo padre va a encontrarse en algún momento ante un niño que está desbordado de emoción y no puede controlarla. En estos casos aparecen las rabietas o los enfados incontrolados.

Con la empatía se produce un entendimiento entre dos personas, siendo capaces de ponernos en su lugar. Ésta puede utilizarse tanto como para ayudar al niño a calmarse en situaciones en las que está angustiado o desbordado por emociones como la tristeza, la frustración, el enfado o los celos, como para ayudarlo a aumentar su inteligencia emocional. Tener en cuenta sus sentimientos y siendo empáticos cada vez que se sienta desbordado lograremos que se calme antes, que supere sus miedos o angustias y que la relación entre ambos aumente.

Cuando un niño está fuera de sí, la mejor estrategia para ayudar a calmarlo es acompañar a un abrazo de una reflexión empática que desactive la intensidad de la emoción.  Es importante para mejorar la capacidad empática y saber cómo funciona la empatía, que las respuestas que les demos a los niños estén en sintonía con su conducta.

Ejemplos:

  • Si un niño llora sin consuelo porque acaba de perder sus cromos, no lo calmaremos ni sintonizaremos con él regañándole por haberlos perdido o simplemente comentándole “estás enfadado”, porque podría decirse que él se encontrará más bien triste. La mejor manera de ayudarle a calmarse sería reconocerle lo triste que debe sentirse y darle un buen abrazo.
  • Si una niña está desconsolada porque quería ir al parque, pero se ha puesto a llover y cada vez llora más y más, en lugar de decirle “Venga, cálmate y estate tranquila, otro día vamos”, para empatizar con ella le diríamos “Jo, que rabia, ¿verdad?, ¿a que tú tenias muchas ganas de ir al parque?
  • Un niño está enrabietado porque quiere que le compremos algo. En lugar de decirle, “No sigas llorando, no te lo voy a comprar”, para empatizar con él le diríamos “Claro, estás muy enfadado porque tú quieres que te lo compre”.

Evidentemente hacer un único comentario empático a un niño no va a solucionar el problema inmediatamente, si no que hay que insistir, e ir dándole unas cuantas respuestas empáticas a la vez que lo calmamos y lo animamos a estar tranquilo.

Es importante que, para escuchar al niño con empatía nos pongamos en su lugar e intentemos entrar en su mente infantil y pensar en cómo se siente. Cómo te sentirías tú si estuvieras en su lugar.

  • El autocontrol, ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a desarrollarlo?

El autocontrol es la capacidad de saber dominar la frustración, de postergar la satisfacción y de aprender a ordenar nuestras acciones para conseguir metas. Ayudar a los niños a tolerar la frustración, cultivar su paciencia, ayudarle a planificarse o pensar en el futuro y en las consecuencias puede ayudarle a dominar el autocontrol. Para ellos una estrategia efectiva es establecer límites claros y generar ciertos momentos en los que el niño pueda disfrutar libre de normas.

En primer lugar, desde que son pequeños, debemos ayudarles a ir dominando poco a poco la frustración, y para conseguirlo, no nos queda otro remedio que exponerlo a cierto nivel de frustración. Intenta calmar sus necesidades pronto pero no con urgencia (a menos que sean urgentes), a medida que crece asegúrate de fijar límites que tenga que respetar, evidentemente evitando poner más normas de las que el niño puede gestionar. Por último ofrécele algún tiempo libre de normas o con menos normas, así como actividades físicas que el ayuden a canalizar toda su energía y frustración en situaciones adecuadas.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que para los niños, algunas tareas que son muy fáciles para nosotros, pueden ser complicadas para ellos. Éstas tareas más complejas pueden estar compuestas por pequeños pasos que el niño tiene que realizar como si fueran un cadena, con lo cual, para ayudarle podemos ofrecerle algunos apoyos, como ir dándole pequeñas instrucciones, como dividiendo una tarea compleja en pequeñas tareas, etc.  Si enseñamos a los niños a realizar tareas de una manera más organizada, les ayudamos a organizarse y a aumentar el autocontrol.

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