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Nuestros grupos de terapia ofrecen un espacio seguro donde compartir experiencias, aprender herramientas emocionales y sentirse acompañado en cada proceso de cambio.
Para captar algunos elementos centrales que los padres deben observar para detectar anomalías en sus hijos, es muy importante tener en cuenta lo siguiente: conozca a sus hijos, tenga nociones lo más claras posibles de cómo son y cuáles son sus actividades habituales, de manera que cualquier cambio no atribuible a los cambios propios del desarrollo le pueda llamar la atención. Las áreas en las que los padres deben fijarse para identificar algún cambio que pueda indicar algún problema emocional son:
En la primera consulta, evaluamos tu situación emocional y psicológica, escuchando tus preocupaciones para diseñar un plan de intervención personalizado que se ajuste a tus necesidades.
En psicología infantil abordamos dificultades emocionales, de comportamiento y del desarrollo, ayudando a los niños a gestionar emociones, mejorar habilidades sociales y superar problemas como ansiedad, miedos, problemas de autoestima y trastornos del aprendizaje.
Sí, contamos con herramientas avanzadas como Nesplora para realizar evaluaciones neuropsicológicas precisas mediante realidad virtual.
En las sesiones de terapia familiar trabajamos para mejorar la comunicación y resolver conflictos, creando un ambiente sano y de escucha activa entre los miembros de la familia.
Sí, nuestra clínica dispone de especialistas en psicología que pueden ayudarte a mejorar la comunicación y la convivencia en terapia de pareja.
Todo niño pasa por una etapa (en torno a los 2-3 años) en la que pone a prueba a sus progenitores y adultos de su entorno para determinar hasta dónde puede llegar.
Es normal que durante la infancia y la adolescencia se produzcan comportamientos de este tipo ya que forman parte del proceso de maduración de la persona. El problema surge cuando ese comportamiento desafiante y hostil hacia la autoridad persiste más allá de lo que cabe considerar parte del desarrollo natural del niño y su frecuencia e intensidad son tales que comienzan a interferir gravemente en la vida familiar, académica y social del niño o adolescente. Llegado ese caso debemos comenzar a pensar en la necesidad de acudir a un especialista.
Antes de gestionar una rabieta debes intentar prevenirla aunque, ¡sabemos que no es tarea fácil!. Es muy complicado que un niño muy pequeño comprenda algunas cosas aunque ello no significa que debamos permitirle todo. Si poco a poco le vas educando, las normas y los límites irán calando en el peque, lo que le ayudará a ir cogiendo muchas menos rabietas. Recuerda que la autonomía es fundamental para la madurez de tu hijo y ésta es muy importante para reducir el número de rabietas que pueda coger. Así como ayudar a gestionar la expresión emocional.
Para el buen desarrollo de tu hijo es fundamental que realice actividades lúdicas. Si tu peque no quiere jugar y no se relaciona con otros niños, tenemos que proporcionarle espacios dedicados a la interacción social. Acudir a parques, parques de bolas, teatros y en general escenarios en los que relacionarse con otros niños se convierta en el objetivo de la actividad. Así como animarle a tener contacto con ellos, de forma que observe lo divertido que es jugar con otros niños.
